Carman Un Showman Radicalmente Salvado

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Debo reconocer que no soy muy bueno y hasta me autodefino como perezoso escribiendo sobre música en términos de cuantos discos o premios ha recibió determinado artista, lo que hace más difícil aun si tenemos en cuenta que Carman tiene el record de mayor asistencia a un concierto de “música cristiana”.

Hoy despedimos de este mundo a la edad de 65 años a Carmelo Domenic Licciardello mejor conocido como Carman, en un hospital de Nevada y después de varios años de luchar con su salud, finalizando tras complicaciones por causa de una cirugía para reparar una hernia de hiato.

El cantante italiano radicado en Estados Unidos, era indudablemente una celebridad cristiana pero también es sobresaliente que logró un estatus en Norteamérica muy similar en cierta manera a cantantes como Cher o Tom Jones, su atractivo físico en sus años de juventud lo convirtieron en una figura que entusiasmaba a sus fans cristianas quienes en algún momento lo convirtieron en su versión de John Travolta,  lo cual hacía todo esto algo un poco raro en realidad.

Sin embargo, trataré de enfocarme en lo que realmente es importante como lo es la parte artística.

Carman nunca fue necesariamente el mejor cantante ni músico, pero algo debemos reconocer y es que era todo un showman, sus explosivos espectáculos, coreografías y teatralidad de sus videos lo hacían único, mientras colocaba su voz en una especie de rock muy ecléctico con canciones que iban desde el rock n roll, el country, el góspel hasta llegar al hip hop y la electrónica incluso un pequeño acercamiento al hard rock cuando graba el tema Our Turn Now con la banda Petra.

Conocí sus canciones casi desde el inicio de mi vida cristiana y hoy recuerdo con cariño temas que me animaron mucho en mi fe, algunas de ellas Serve The Lord, Radically Saved, Great God, Holding On, Who’s In The House y mi favorita de siempre Sunday School Rock.

Por supuesto no puedo pasar por alto que muchas de estas canciones fueron llevadas al público latino con su producción Lo Mejor, que como suele suceder en estos casos termina en ocasiones en traducciones un poco torpes, pero igual no dejaron de ser inspiradoras.

Carmelo Domenic Licciardello fue criado en Trenton, Nueva Jersey mostrando desde temprana edad su afinidad con la música tocando en la banda de su madre, mudándose en su adolescencia a California conformó su propia banda y se aventuró a conocer el mundo del espectáculo en Las Vegas, no obstante se convierte al cristianismo tras asistir a un concierto de Andraé Crouch.

Su primer disco publicado en 1980 God’s Not Finished with Me tuvo un moderado éxito pero lo suficiente para que la leyenda musical Bill Gaither lo llevara de gira con su The Bill Gaither Trio.

Sus posteriores discos encuentran su lugar de preferencia en el público, además que comienza a darle un lugar más amplio a sus espectáculos con valores agregados de teatro y coreografías.

Carman distaba mucho de ser un rockstar como muchos de la época, Larry Norman ya llevaba desde un par de décadas atrás manteniéndose la mayor parte del tiempo alejado de la industria cristiana, ya que su deseo era llevar el evangelio codeándose con la industria principal de la música, lo cual lo hacía chocar constantemente con la iglesia y simpatizaba poco con otros músicos contemporáneos de su misma fe. Steve Taylor era aún más provocador, escribiendo canciones que parodiaban el tradicionalismo religioso en ocasiones al punto de ser ofensivo.

Carman era de alguna manera menos salvaje, lucía y actuaba más como un predicador y motivador, muchos de sus videos a pesar de lo divertidos hacían un énfasis muy exagerado con la figura de satanás, lo cual evidencia una fijación con la llamada “guerra espiritual”.

Por supuesto, que las Escrituras nos advierten acerca de estar atentos contra las asechanzas de satanás y nos habla sobre la lucha espiritual constante del creyente, el problema es que a la larga la llamada “guerra espiritual” habla de una extraña obsesión con entidades invisibles de las cuales si no nos enfrentamos con prontitud no es imposible hacer la tarea evangelística y basándose en muchas ocasiones en experiencias personales.

A pesar de esto tuvo sus momentos de controversia que lo tuvieron en el ojo del huracán de predicadores anti rock como el Dr. Terry Watkins quien critica canciones como Holy Ghost Hop y videos como Witch’s Invitation y The Resurrection Rap,  este último por narrar la historia de Jesús desde la perspectiva de los barrios bajos y las pandillas.

A pesar de todo esto debo decir que encuentro algo admirable en este cantante hasta hoy y era su deseo de mostrar a Cristo como El Campeón, como titulaba una de sus canciones más populares. Aquel Campeón que venció a satanás en la cruz del calvario haciéndonos participe de su triunfo e invitándonos a celebrar dicha victoria.

Es por ello y a pesar del gran esfuerzo que colocaba en sus presentaciones, trataba que sus conciertos fueran lo más accesible posible para las personas en cuestión económica, llegando incluso en ocasiones a hacer masivos recitales gratuitos.

Para el disco The Standard de 1993 publica una canción llamada Serve The Lord cuya letra no puede ser menos que conmovedora:

Yo he tomado mi decisión

Yo he mantenido mi posición

He trazado una línea en la arena

Y no me avergonzaré

Con el mundo tras de mi

Y la cruz adelante

Por la gracia de Dios

Serviré a mi Señor

Los últimos años de vida Carman mostraba signos de madurez, ya que los momentos difíciles e incluso pérdidas significativas de personas cercanas, parecían dejar indicios de entender que aunque podemos ser muy positivos en nuestra fe no estamos exentos de duros momentos.

Carman afirmaba haber ganado la batalla contra el cáncer en el 2014, lo cierto es que como ocurre con esta enfermedad, podría llegar a esperarse una recaída.

Somos radicalmente salvos pero no olvidamos que el camino de la santidad se encuentra lleno de espinos, chocamos constantemente no solo con la tentación sino también con nuestros demonios internos, con esa naturaleza pecaminosa que yace en nosotros y con la cual luchamos constantemente.

Es aquí donde simpatizo con la fe del fallecido cantante, ya que finalmente la meta de todo creyente siempre será la santidad, la cual finalmente terminamos por reconocer que no depende de nuestras propias fuerzas, sino de someter nuestra voluntad a la obediencia de un Dios que se fortalece en nuestras debilidades.

En este sentido solo puedo recordar con nostalgia canciones como Hunger for Holiness:

Señor, tengo hambre de santidad

Y tengo sed por la justicia que solo viene de ti

Que mi mente se limpie

Y mi espíritu se renueve

Y este templo donde moras sea puro.

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