Sam Taylor y el Sonido Houston en la Música Cristiana

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Podemos hablar desde George Martin hasta Rick Rubin: muchas bandas han tenido mucho que agradecerle al trabajo de sus productores, más aún cuando ellos ayudaron a construir una serie de cualidades sonoras que cambiaron la forma de entender el rock tal y como lo conocíamos hasta cierto momento de la historia.

Sam Taylor llevaba ya un buen tiempo siendo músico de sesión para el gremio musical de Nashville en los setenta, pero sus inquietudes artísticas no podían permanecer mucho tiempo en el mismo lugar.

Es entonces cuando, en la década posterior, se aventura a producir a ZZ Top. Su acercamiento a los barbudos músicos texanos lo llevó a aprender todo lo correspondiente al marketing que una banda emergente pudiese necesitar para hacerse notar en un ambiente tan competitivo.

Curiosamente, termina en las oficinas de Star Song para dirigir lo que sería el concierto Captured in Time and Space de la icónica agrupación cristiana Petra, y es aquí donde su carrera da un giro que debemos agradecer por siempre.

Sam Taylor no se dejó deslumbrar por todo el escenario divertido y despreocupado del glam metal de Los Ángeles; buscaba otro tipo de propuestas, y es aquí donde nuevamente Star Song le pide que ayude en la decisión de fichar a una curiosa banda de Houston llamada Sneak Preview.

El trío conformado por el bajista y cantante Doug Pinnick, el guitarrista Ty Tabor y el baterista Jerry Gaskill formaba una banda de new wave muy genérica. Su única grabación bajo el nombre de Sneak Preview puede escucharse ahora fácilmente en la web, en la cual nos damos cuenta de que, a pesar de ser desde ya unos excelentes músicos, no parecían tener un rumbo muy claro.

Sam Taylor los escucha por primera vez en un local abandonado; no resulta realmente impresionado y se muestra básicamente renuente a trabajar con ellos. Sin embargo, al dialogar más internamente con los músicos de manera individual, nota algo que a futuro sería un gran detonante de su éxito.

A diferencia de otras típicas historias, aquí no se trataba de músicos que funcionaran de manera extraña, movidos por la tensión y las peleas; al contrario, intentaban agradarse tanto que no lograban encontrar su identidad.

Doug Pinnick, como típico músico afroamericano, había sido educado en los anales del funk, el gospel y el soul. Tabor, por su parte, era un gran fan de Kiss, mientras que Gaskill tenía como referente a Led Zeppelin. Sam Taylor les convence de que, a pesar de su diversidad de gustos, podrían funcionar mejor si sabían fusionar sus influencias.

Es así como poco a poco se gesta lo que terminaría por convertirse en el power trio King’s X.

Kings X Band

La magia detrás de la banda radica en esa manera tan particular de fusionar sonidos mayormente dirigidos a un público negro con la fuerza del hard rock, teniendo como base que los coros de las canciones estuvieran fuertemente influenciados por The Beatles, dando paso a una manera diferente de entender el rock progresivo.

Su primer álbum de 1988, Out of the Silent Planet (clara referencia a la Trilogía Cósmica de C. S. Lewis, sin ser un disco conceptual), es de igual manera diferente a lo que otras bandas cristianas hacían por aquel entonces. Sus letras eran espirituales pero abstractas, dando paso a un tipo de escritura interesante.

Vale resaltar que finalmente no es Star Song quien se lleva el crédito de fichar esta banda, sino la disquera Megaforce, quienes para aquel entonces ya habían marcado su territorio con unos nacientes Metallica. Esto hace que King’s X se abriera paso a los escenarios del hard rock y el metal convencional.

Sus canciones de aquel primer disco ya llevaban al oyente por un camino espiritual sin ser sermones necesariamente:

Disfraza tus palabras mentirosas con amor

Dependiendo del bien del hombre

La verdad, símbolo de una paloma,

desenmascarará al hacedor de tus planes.

En la nueva era

veo a los ciegos guiar a los ciegos

En la nueva era

En la búsqueda de la mente

En la nueva era

Pero sé lo que encontrarán.

Cantaban en In The New Age.

La entusiasta Power of Love nos lleva entonces por una declaración de fe:

Atrapado dentro de estos muros que me rodean

Cerrándose, es difícil respirar

Está bien, escucho los gritos

¿Qué queda de la voluntad de ser?

En mi mano no tengo cicatrices

Pero en mi corazón hay un latido cansado

Si te vas, te seguiré

Donde estés, yo estaré.

Shot of Love suena más a una desesperada plegaria en la noche que recuerdan también las palabras del Apóstol Pedro:

A veces mi copa está vacía.

Deseo que permanezca llena

 Porque siempre tengo sed.

No puedo tener suficiente de ti.

No hay ningún otro lugar a donde ir

No hay nada más que hacer

No hay ningún otro lugar a donde recurrir

El primero y el último eres

Oh, escucho la música

Oh, necesito una canción nueva.

Lo que sigue posteriormente se convierte en una puerta abierta para grandes momentos: tres discos más bajo la producción y dirección de Sam Taylor como mánager, giras como teloneros de AC/DC, rotación en MTV de magníficos videoclips de canciones como It’s Love, Summerland y Over My Head, un posterior fichaje con Atlantic Records y una recordada presentación en la nueva versión de Woodstock 94.

King’s X tal vez no sea una banda tan citada como D.C. Talk al momento de hablar de los grupos más influyentes de los noventa, pero no cabe duda de que su manera original de hacer arte inspiró a muchas agrupaciones cristianas posteriores. Sin embargo, los elogios fueron mucho más amplios, ya que su particular sonido ha sido citado por bandas como Pearl Jam, Alice in Chains y Soundgarden como una de las bases del grunge. En algunos casos, incluso han sido señalados directamente como gestores del género, algo bastante discutible y que es mejor dejar al criterio personal del lector.

No obstante, mientras la escuela musical de Sam Taylor buscaba expandirse rápidamente hacia otras bandas, las cosas para King’s X comenzarían a dirigirse hacia terrenos menos favorables.

El Sonido Houston

La hermandad que existía entre King’s X y otras bandas texanas ayudó a acrecentar la visión artística de Sam Taylor; es por ello que no tardarían en sumarse dos agrupaciones clave en esta historia: Galactic Cowboys y Atomic Opera.

En ocasiones, suelo encontrar comentarios que afirman que las tres bandas sonaban prácticamente iguales y acusan a Taylor de no permitir que cada una desarrollara su propio estilo, algo que considero una simplificación bastante superficial.

Parte de lo que se dio a conocer como el “Sonido Houston” radica, como ya lo expliqué anteriormente, en una base de metal o hard rock progresivo con armonías vocales extraídas de los Cuatro de Liverpool; sin embargo, esto no significa que cada banda no tuviese una identidad propia.

The Awful Truth fue, en sus inicios, una agrupación con una fuerte influencia psicodélica, cercana a Pink Floyd en muchos matices de sus canciones. Su álbum homónimo de 1990 es hoy una rareza muy valorada por los coleccionistas del rock progresivo.

Sus composiciones destacaban por su honestidad, al abordar momentos de crisis existencial que, finalmente, terminaban apuntando hacia la búsqueda de Dios como una respuesta sanadora.

Muy por encima de la estrella más alta,

los ángeles cantan canciones sobre Ti.

Sólo Tú podrías llenar mi corazón.

Sólo Tú podrías llevarme a dónde estás.

Espíritu del Cielo, escucha mi súplica.

Voz Santa, ¿no me hablarás?

Mi mente está fría y gris.

Voces airadas me llaman por mi nombre.

Es difícil mover estos pies de barro.

Déjame escuchar tu voz hoy.

Expresaban en la canción Ghost Of Heaven.

Galactic Cowboys

Posteriormente, The Awful Truth se transformaría, en esencia, en Galactic Cowboys, una banda que, según diversos historiadores, pudo haber representado el futuro del rock tras su contrato con Geffen Records. Sin embargo, en ese momento era Nirvana y el auge del grunge lo que realmente captaba la atención del mercado.

Esto no significa que no hayan alcanzado cierto reconocimiento comercial, ya que también lograron entrar en MTV e incluso participaron en la película Airheads, protagonizada por Adam Sandler y Brendan Fraser, bajo el nombre ficticio de “Son of Thunder”.

Galactic Cowboys desarrollaría un sonido más orientado hacia el groove metal, acompañado de letras inteligentes que en muchas ocasiones rozaban el humor y que, como su propio nombre sugiere, incluían referencias a temáticas espaciales.

Canciones como Ranch on Mars resultan particularmente llamativas por la manera en que fusionan la idea de los viajes espaciales con una reflexión espiritual, en la que se expresa la búsqueda de la providencia divina y el anhelo de ser guiados por Dios hacia una realidad trascendente:

Diferentes caras, diferentes nombres

Personas peculiares pero iguales

Somos hermanos en nuestros corazones

Aunque hayamos viajado lejos

Otra galaxia para tocar

En el espacio nunca nos separamos

Algún día viviremos más allá de las estrellas

Tal vez tenga un rancho en Marte

Entra, entra al control de la misión

Danos guía para nuestras almas

Con ojos que escanean el universo

No más tiempo para hablar para aterrizar

Me das esperanza de que lo entiendas

Nuestro futuro está más allá de esta tierra.

Todo esto, además, iba acompañado de los excelentes diseños de portada realizados por su bajista Monty Colvin, los cuales aportaban una identidad visual muy marcada a la agrupación. De hecho, bastaría con eliminar el nombre de la banda para seguir reconociendo su trabajo, gracias al estilo tan particular de dibujo y pintura del músico.

Por otro lado, Atomic Opera mostraba una identidad más bohemia e introspectiva, sin perder la energía del hard rock e incorporando incluso algunos matices celtas. La banda estaba liderada por el teólogo Frank Hart, un músico profundamente interesado tanto en las artes como en los principios del cristianismo histórico. Este aspecto resulta fundamental para comprender la propuesta lírica del grupo, que buscaba desafiar —a través de críticas contundentes— a ciertos sectores del cristianismo.

Atomic Opera – Álbum Gospel Cola

Una de sus composiciones más radicales y, a la vez, cargadas de sarcasmo es Jesus Junk, del álbum Gospel Cola, la cual cuestiona cómo, en muchas ocasiones, se termina construyendo una burbuja en la que la fe es reducida a un producto de consumo:

Quiero una lámpara de noche de la Virgen María, una

lonchera de un héroe bíblico,

la Sábana Santa de Turín en mi reloj de pulsera.

Solo escucho rock… cristiano.

Gospel Cola por la mañana

Luego haz mi cama de terciopelo de Jesús

Quiero unas bolsitas de té Holy Trini-Tea

Peces de caramelo del Pacto… y panes

Anillo del Mesías Corona de Espinas chapado en oro

La hebilla del cinturón es una paloma descendente

Cuelga un pez cromado en mi camioneta

Sabrán que somos cristianos por nuestro amor

… a la basura

Toda mi basura de Jesús

Sí, mi basura de Jesús

Soy

un adicto a Jesús

Dame un pedazo de la verdadera cruz

El fémur de un santo

Anhelo algo sagrado

Esta subcultura no es… real

Pastillas Testa para refrescar mi aliento

Chicles bíblicos y ciencia ficción cristiana Donde Jesús convierte el vino en agua.

No es difícil entender que este tipo de ironía lírica no sería del agrado de muchos, ni terminaría de encajar en el circuito —a veces facilista— de la música cristiana; sin embargo, sí encontraría eco en aquellos creyentes que buscaban propuestas más desafiantes.

En un principio, e inspirado por la comunidad artística y teológica que había formado en los años setenta el escritor Francis Schaeffer, Sam Taylor intentó crear un colectivo similar, aunque teniendo la buena música como base, bajo el nombre de Wilde Silas Musicworks.

Para ello, buscó reclutar a un pastor reformado que llevaba ya más de una década desarrollando una propuesta musical notable: el cantante y músico Kemper Crabb.

Crabb había iniciado su carrera con una banda llamada Arkangel, fuertemente influenciada por la obra de J. R. R. Tolkien y el rock progresivo épico de los años setenta. Con el tiempo, también participaría en agrupaciones como Radio Halo, Caedmon’s Call y los propios Atomic Opera.

No obstante, resulta especialmente fascinante su carrera en solitario, en particular por su álbum The Vigil, un bellísimo trabajo conceptual de adoración concebido para un tiempo de vigilia. En él, Crabb emplea instrumentos poco habituales dentro del rock, creando una atmósfera de carácter medieval que envuelve al oyente con sonoridades propias de esa época.

Sin embargo, y aunque de manera amistosa, la participación de Crabb en este proyecto no pasó de ser una propuesta inicial. Wilde Silas Musicworks terminaría transformándose en el nombre de un sello discográfico que, al menos nominalmente, se mantiene hasta el día de hoy.

A esto se sumaron diversas complicaciones que afectarían, de distintas maneras, a los involucrados en el proyecto.

El Principio de un Final

Sam Taylor tenía ya demasiadas responsabilidades, si tenemos en cuenta que más que un hombre de negocios era un amante del arte, la empresa que había creado requería un mantenimiento y salario a empleados que ya empezaba a generar mucho estrés.

Su médico le había dado ya una advertencia de que debía cuidarse o los problemas de salud se asomarían por la ventana, era un hombre que aún no llegaba a los cuarenta, pero la decisión de parar no daba espera.

Para ese entonces los negocios con las bandas empezaban a generar cierta fricción, Geffen Records había contratado a Galactic Cowboys y Atomic Opera, lo cual causa que TY, Doug y Gaskill se sintieran descuidados.

Los chicos deciden abandonar a Taylor buscando ahora a Brendan O′Brian como su nuevo productor, el resultado llegó con Dogman, un álbum mucho más crudo y cercano al grunge.

Aunque el resultado es bastante bueno, lo cierto es que King′s X, no volvería a tener el éxito en años posteriores como lo fueron con sus primeros cuatro discos.

Bruce Franklin y Jeff Olson miembros de la banda Trouble, tenían igualmente algunas cosas que resolver con sus compañeros de la agrupación, debido en parte a que el consumo de ácido no iba con sus creencias personales, es por ello que se reúnen con Doug Y Gaskill a conformar la banda de stoner rock llamada Supershine.

Pero lo tragicómico de todo esto es que Doug Pinnick, quien siempre había sido el miembro de King’s X que más hablaba de Jesús en las entrevistas, sorprendió a la prensa musical al confesar su homosexualidad y admitir que llevaba mucho tiempo luchando con la duda sobre si realmente seguía creyendo en Dios.

Su público cristiano se dividió, y en medio de este escándalo mediático, Jerry Gaskill declararía poco después que su espiritualidad se encontraba prácticamente agonizante. El panorama se volvió cada vez más restrictivo: mientras Ty Tabor, el único que aún se declaraba abiertamente cristiano, era invitado a promover los discos en librerías religiosas, sus compañeros quedaban al margen de estos espacios.

Finalmente, la banda terminó por desvincularse del mercado cristiano, y solo un grupo reducido de seguidores creyentes, pero muy fieles, continúa apoyándolos hasta el día de hoy.

Bajo la influencia

Sam Taylor fue considerado en muchas ocasiones como el “cuarto miembro” de King’s X, lo cual hace aún más llamativo que, en la actualidad, la banda afirme no deberle demasiado. Lo cierto es que el llamado “Sonido Houston” no perdió fuerza en los proyectos musicales que surgieron posteriormente.

Doug Pinnick formaría uno de esos proyectos difíciles de clasificar entre carrera solista y banda, bajo el nombre de Poundhound, en el cual también participaría Jerry Gaskill.

Resulta curioso que los dos discos publicados bajo este nombre hayan sido promocionados en circuitos de distribución cristianos, a pesar de que para ese momento Pinnick ya había manifestado abiertamente su distanciamiento de dichas creencias. Tal vez, una forma de entenderlo sea considerar estas obras como la confesión artística de alguien en medio de una crisis de fe, con la necesidad urgente de expresarla a través de la música.

Por su parte, Ty Tabor, con una inclinación más marcada hacia el rock clásico y conservando esa atmósfera cercana a The Beatles —en parte gracias a su particular timbre de voz—, desarrollaría tanto su carrera solista como otros proyectos destacados. Entre ellos se encuentra Jughead, junto a los hermanos Greg Bissonette y Matt Bissonette, vinculados a The Mustard Seeds, así como el tecladista Derek Sherinian, conocido por su trabajo con Dream Theater.

Esta asociación con el pianista de Dream Theater derivó en la formación de Platypus, junto al también bajista de la banda John Myung y el baterista de Winger, Rod Morgenstein. Posteriormente, sería con estos dos últimos músicos con quienes se daría vida al destacado trío The Jelly Jam.

La relación entre King’s X y Galactic Cowboys continuaría a través de proyectos como Xenuphobe y The Jibbs, mientras que Jerry Gaskill desarrollaría también su carrera en solitario.

En cuanto a Galactic Cowboys, la banda continuaría su camino, aunque de manera intermitente. De esta etapa surgiría además el proyecto Crunchy, liderado por Monty Colvin, con un sonido orientado hacia el punk y el hard rock moderno. Como era de esperarse, sus producciones mantendrían la identidad visual característica del bajista en sus portadas.

Colvin dedicaría también una parte importante de su carrera a la pintura, comercializando sus obras —que abarcan desde leyendas del rock hasta figuras relevantes del arte pop— a través de su sitio web. No obstante, este es un tema que merece un desarrollo aparte.

Por su parte, Atomic Opera cerraría su ciclo, al menos hasta el momento, en el año 2000 tras la publicación de Gospel Cola. Su líder, Frank Hart, se desempeña actualmente como escritor y pastor de la congregación New Church, donde ha grabado una serie de álbumes de notable belleza, que abarcan desde la adoración hasta la música navideña. En ellos, continúa explorando sonoridades de la música sacra tradicional, sin perder la identidad que lo dio a conocer como músico de rock. Sus trabajos pueden encontrarse en plataformas como Bandcamp.

El bajista Jonas Velasco y el guitarrista Jonathan Marshall romperían un poco las reglas con la creación de la divertida banda The Phlegmatics, con temáticas dignas de una agrupación de geek rock y mucho del sonido pop punk, curiosamente el proyecto contaría con la participación de Kemper Crabb.

Lo cierto es que la gran mayoría de estos proyectos incluso si se trata de dos ex creyentes como Pinnick y Gaskill nos muestran que la escuela de Taylor se terminaría por extender más allá de lo imaginado, aun cuando quienes participaron de ella se encuentren un poco lejos de quien los produjo en un principio.

Regresando a lo Básico

“Creo que Jesucristo es el Mesías, Pero también creo que el mayor problema del cristianismo son los cristianos, y probablemente yo encajo en esa categoría y puedo señalarme a mí mismo como culpable”. Afirmaba Sam Taylor para HoustonPress en 1996, época en que había terminado su relación de trabajo con sus bandas y pasaba por la mala racha de un divorcio.

Mientras pasaba tiempo en terapia, las puertas se abrían nuevamente, los hermanos Dane y Lane Sonnier, quienes respectivamente habían pertenecido a Galactic Cowboys y Atomic Opera le daban la oportunidad de construir una maqueta para su nuevo proyecto Sonnier Brothers Band, un grupo de rock clásico.

Actualmente, Sam Taylor continúa haciendo lo que ama: aprender de sus errores y buscar reconciliarse con sus relaciones pasadas. En esta etapa, produce a la agrupación Brothers Beckham, que parece retomar el rumbo que se estancó en los años noventa, mientras desarrolla su propia música con el proyecto de jazz Jupiter of Moon.

El “Sonido Houston” ha sido, sin duda, uno de los intentos más acertados por parte de músicos creyentes de construir una escuela musical con identidad propia, algo que merece ser considerado con mayor atención dentro del ámbito de la música cristiana.

Es cierto que toda música se nutre de lo que otros han hecho en el pasado, y que muchas veces basta una sola escucha para reconocer sus influencias. Sin embargo, también es posible transformar esos referentes en una expresión auténtica, evitando que la adoración se diluya en una mera marca personal. Si Dios es dador de dones y creatividad, entonces esa entrega puede manifestarse de múltiples formas dentro del arte, sin perder su esencia.

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