Historias del Emo Rock Parte Uno ¿El Nuevo Kurt Cobain?

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El emo rock parece estar actualmente en un curioso revival, lo cual es difícil de entender cuando se trata de una tribu urbana que parece haber desaparecido del mapa por sí misma hace tan solo unos años.

Este fenómeno tal vez debamos entenderlo no desde la perspectiva de la moda. Aquellos adolescentes que vimos caminando por las calles, con ambiguas vestimentas y una imagen que supo ser comercializada por la estética y la tendencia del momento, son ahora adultos formando familias y forjándose un futuro empresarial.

Ese tribalismo que solía observar con mucho interés tal vez no haga parte ya de las generaciones actuales, menos en tiempos donde las tendencias modernas cambian a una velocidad alarmante.

Es entonces donde la respuesta la vemos posiblemente en una nostalgia meramente musical, si es que entendemos que el emo no nació con chicos del nuevo milenio con calaveras rosas o peinados estilo Capitán Spock, sino a mitad de los ochenta en el underground norteamericano del hardcore punk.

En medio de la frustración social y política de estas bandas, surgen propuestas que se basaban más en temáticas emocionales, donde, de manera simpática, las líricas introspectivas de las canciones hacían que quienes asistían a los conciertos terminaran literalmente con lágrimas en los ojos.

Estas primeras bandas de emo rock las podemos rastrear en músicos como Rites of Spring y Embrace, quienes decidieron romper esquemas en la corriente del punk, con unos resultados positivos en el público.

La llegada del sonido grunge, aunque podríamos estar hablando de otra tendencia musical, ayudó de alguna manera a sacar poco a poco al emo de los oscuros clubes subterráneos a la luz de chicos que buscaban una música más acorde a sus vivencias personales: ese sentimiento de angustia al sentir que no encajaban en un entorno escolar o que la vida era algo difícil de sobrellevar.

El éxito de Nirvana, con los desesperados gritos de Kurt Cobain, cambió a toda una generación que se estaba agotando del colorido glam metal y sus letras sobre chicas y pasarla de fiesta, pero el éxito de la banda de Seattle finalizaría con la muerte de su icónico líder en 1994.

Pero la industria musical no sabe mucho de duelos y rápidamente se buscaba una banda que continuara con ese legado a toda costa. Para el sello discográfico Sub Pop, la esperanza es colocada en otra banda de Seattle llamada Sunny Day Real Estate.

La banda no era realmente nueva, ya que se encontraba activa desde 1992, pero su gran oportunidad parecía estar en bandeja de plata. El gran problema, dependiendo del punto de vista de cada quien, es que su vocalista líder, Jeremy Enigk, se había convertido recientemente al cristianismo.

Enigk tal vez no tenía la intención de convertirse en un nuevo predicador del rock, pero básicamente esto se convirtió en un obstáculo. Sencillamente, su mensaje en el escenario distaba mucho de la falta de esperanza de la llamada Generación X. Esto, para colmo, en los demás miembros de la banda se termina convirtiendo en una molestia: cómo la nueva fe del cantante se hacía tan pública y, de manera inconsciente, en algo relevante para la identidad del proyecto.

En este punto se ha debatido bastante el fluctuante éxito de la banda, ya que muchos afirman que la fe cristiana de Jeremy Enigk se convirtió en una fricción imposible de solucionar. Sin embargo, en varias ocasiones los músicos, incluyendo al mismo Jeremy, han afirmado que se trataba de otros conflictos internos. El punto es que las disqueras habían fallado en su intento del nuevo Kurt Cobain.

Return of the Frog Queen- Jeremy Enigk

Es además significativo cómo Jeremy Enigk comenzó por ese tiempo a desarrollar un proyecto en solitario que se traduciría en el precioso disco Return of the Frog Queen, un proyecto en línea chamber pop, con hermosas orquestaciones e influencias de The Beatles, Beach Boys y Pink Floyd. Los críticos lo llamaron un álbum adelantado a su tiempo que le daría un rumbo al indie pop para las próximas décadas.

Lo más importante, sin embargo, es que el álbum, aunque no se establece propiamente como conceptual, es el reflejo del viaje de Jeremy hacia la fe cristiana.

El mundo muchas veces tiene planes sobre nosotros; sin embargo, nos vemos contracorriente cuando Dios entra en escena.

Y es que, como afirmaba Enigk: “Me arriesgué a buscar a Dios, Él me respondió, el dolor desapareció”.

Esto, por supuesto, no podría ser pasado por alto cuando los significativos cambios llegan a la vida del artista: “Sería un tonto si dijera que no ha obrado milagros en mi vida”.

Muchas veces nuestras creencias afectan todo lo que hacemos o creamos, independiente de nuestras labores, y es que sencillamente somos un reflejo irremediable de esa fuerza espiritual que mueve lo que somos en el interior. En ese sentido, no es contradictorio cómo algunas bandas de ese llamado rock emocional se mueven impulsadas por la fe, como veremos próximamente.

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